Desarrollo Personal a través de la Creatividad

Gran Era del Amor

viernes, 31 de julio de 2015

Señor de las células imaginales - Como la oruga se convierte en mariposa


¿Cómo podemos imaginar la transición hacia la sostenibilidad?


Nuestra cultura tiene muchos mitos y metáforas de la crisis, la guerra y la destrucción del mundo. ¿Hay otras imágenes e historias que nos pueden ayudar a entender cómo la transición hacia la sostenibilidad puede ir?
El biólogo y autor Norie Huddles Descripción Americana de la transformación de la oruga en mariposa ofrece una analogía para la transformación hacia una sociedad sostenible que no sólo es hermoso, pero también una fuerte metáfora para el cambio. Contiene varios detalles sorprendentes y bien pensadas.
continuará ...

miércoles, 22 de julio de 2015

La Mariposa Monarca, la Mariposa Sagrada


Los aztecas la reconocieron como Quetzalpapalotl o Mariposa Sagrada. El insecto causó tal impacto que fue objeto de culto y se le dedicó un centro de estudios científicos. Creían que las mariposas eran angelitos de niños muertos que regresaban a la tierra, los indígenas veían una cara humana en las alas de la Monarca. El grupo mazahua la conoció con el nombre de “Hijas del Sol”; tal vez por el color brillante de sus alas o porque con el despertar de la Monarca llegaba el sol de la primavera.

martes, 7 de julio de 2015

El pez que quería volar como las mariposas


Había una vez un pequeño pez que quería volar como las mariposas. Cada vez que ellas revoloteaban sobre el estanque, se las quedaba mirando embobado. Soñaba con extender sus aletas y elevarse con ellas por el cielo hasta alcanzar las nubes. Pero aunque saltaba sobre el agua y agitaba desesperadamente sus aletas, volvía a caer al agua.

Un día, una mariposa estaba sorbiendo agua con su espiritrompa en la arena húmeda junto a la orilla. El pez se acercó a ella y le preguntó:
—Mariposa, ¿puedes decirme cuál es el secreto para volar?
La mariposa lo miró extrañada y contestó:
—No es ningún secreto. Todas las mariposas saben como hacerlo: agitamos las alas suavemente y volamos sin pensar.
—Pero yo soy un pez y solo tengo estas aletas. ¿Cómo puedo volar yo?
La mariposa se rió con unas carcajadas chiquititas y punzantes como gotitas de lluvia helada y exclamó:
—¡Un pez no puede volar!
El pez se puso triste, pensó que la mariposa se burlaba de él por no saber volar. Se dio media vuelta, y ya se iba a marchar cuando la mariposa le dijo:
—¡Espera, pez! ¡No quería enfadarte! Muchas veces te veo en el estanque y me digo: ¡Ojalá pudiera nadar como ese pez!
—¡Deja de tomarme el pelo! —respondió ofendido el pez.
—Es cierto, pez. Las mariposas, solo podemos vivir en el aire. El agua es un paraíso prohibido para nosotras. Es maravilloso ver cómo tú te deslizas con suavidad en el agua, y das saltos fuera de ella, y luego vuelves a zambullirte de cabeza.

—Ven conmigo, yo te llevaré al fondo del estanque. Pero te aseguro que no es nada interesante…
—¿Que no es interesante? —replicó la mariposa—. Cómo me gustaría sumergirme en el estanque y sentir el agua acariciando mi cuerpo y ver a tus otros hermanos peces de colores tan hermosos y correr bajo ella como un torpedo… Pero si me meto en el agua, mis alas se empaparán, mis traqueas se llenarán de agua y me ahogaré. Yo no puedo nadar y tú no puedes volar, querido amigo.
Los dos se quedaron callados, pensativos.
—Quizá con la ayuda de unas cuantas amigas pueda ayudarte… —exclamó de repente la mariposa.
Y salió volando, tan alegre como siempre en busca de más mariposas.
Regresó con un montón de amigas que llevaban una red en sus patas.
—¡Te vamos a llevar entre todas a dar un paseo volador! —exclamó la mariposa.
Hicieron saltar al pez dentro de la red, cuando ya lo tenían dentro, y bien sujeto le dijo:
—¿Estás preparado?
—Sí —dijo el pez—. Pero como yo no puedo respirar fuera del agua, cuando ya no pueda aguantar más la respiración moveré la cola y me soltáis al agua, ¿vale?
—De acuerdo, pez. Coge mucho aire. ¡Una, dos y… tres!
Las mariposas cogieron los extremos de la red, batieron sus alas a la vez y se elevaron despacio, portando al pez sobre el estanque. El pez se sintió ligero, volaba como por arte de magia. Era tan hermoso verlo todo desde lo alto: el estanque con sus hermosas flores de loto y las ramas de los árboles y sus hojas, y las flores de la orilla… Las cosas se alejaban y se veían más pequeñas al elevarse. Y todo tenía un color diferente visto desde fuera del agua. Y miró hacia arriba y contempló las nubes, que todavía estaban lejos.
—Nosotras tampoco podemos tocar las nubes, ¿eh? —le dijo la mariposa guiñándole un ojo.
Fue un paseo muy breve, porque enseguida le faltó el aire, y empezó a colear agitado. Las mariposas soltaron las puntas de la red y el pez se zambulló de cabeza al agua.
Regresó a su hogar, fresco y seguro, tan contento que les agradeció entusiasmado:
—¡Gracias, mariposas, por ayudarme a conocer la maravillosa experiencia de volar!
Las mariposas, aunque cansadas por el esfuerzo, se reían al verlo feliz.

La mariposa venía a ver al pez todas las tardes y le pedía que le contara cosas del fondo del estanque. A partir de entonces, el pez empezó a fijarse bien en los seres y objetos que lo rodeaban para hablarle de ellos a la mariposa. Y se dio cuenta de que era un mundo muy hermoso. Como lo veía todos los días, no había sabido apreciarlo hasta entonces. Deseaba que la mariposa pudiera conocer también su mundo acuático como él había conocido el suyo del aire. Pero dentro del agua la mariposa moriría, así que solo podía contarle cómo era la vida en el estanque.
Al cabo de unos días el pez encontró una botella en la orilla. Era completamente transparente y enseguida una idea se iluminó en su cabeza. Cuando vino la mariposa, le dijo que con esa botella podría llevarla a dar un paseo subacuático.
La mariposa aceptó la idea encantada. Metieron unas cuantas piedras en la botella, para que no flotara. La mariposa se introdujo dentro de la botella, el pez cerró bien el tapón y la metió dentro del agua. El pez empujó la botella y la llevó por todo el fondo del estanque. La mariposa descubrió allí a los renacuajos regordetes, los tallos enredosos de las hojas del loto, los rayos del sol que traspasaban el agua iluminando las algas, esa luz difuminada que creaba un mundo de fantasía. Dentro de la botella admiró el color brillante de las piedras mojadas, los alegres peces payaso, los cangrejos de río, y las tortugas que nadan en el agua mucho más elegantemente que cuando andan por la tierra. Miraba todo aquello encantada.
Cuando llegó la noche, el pez empujó la botella fuera del agua y abrió el tapón. La mariposa revoloteó emocionada a su alrededor.
—Ha sido maravilloso conocer tu mundo, pez, muchas gracias. Nunca olvidaré esta tarde en el estanque.
—Lo mismo que yo nunca olvidaré mi paseo volador —contestó el pez.    

viernes, 26 de junio de 2015

La Mariposa y la Estrella


Cuenta la leyenda que una joven mariposa, de cuerpo frágil y sensible volaba cierta tarde jugando con el viento, cuando vio una estrella muy brillante, y se enamoró.

Excitadísima, regresó inmediatamente a su casa, loca por contar a su madre... que había descubierto lo que era el amor. -¡Que tontería! - fue la fría respuesta que escuchó. -Las estrellas no fueron hechas para que las mariposas pudieran volar a su alrededor. Búscate un poste, o una pantalla, y enamórate de algo así. Para eso fuimos creadas.
Decepcionada, la mariposa decidió simplemente ignorar el comentario de la madre, y se permitió volver a alegrarse con su descubrimiento. "Que maravilla poder soñar", pensaba. La noche siguiente la estrella continuaba en el mismo lugar, y ella decidió que subiría hasta el cielo y volaría en torno a aquella luz radiante para demostrarle su amor.

Fue muy difícil sobrepasar la altura a la cual estaba acostumbrada, pero consiguió subir algunos metros por encima de su nivel de vuelo normal. Pensó que si cada día progresaba un poquito, terminaría llegando hasta la estrella. Así que se armó de paciencia y comenzó a intentar vencer la distancia que la separaba de su amor. Esperaba con ansiedad la llegada de la noche, y cuando veía los primeros rayos de la estrella, agitaba ansiosamente sus alas en dirección al firmamento.

Su madre estaba cada vez más furiosa: -Estoy decepcionada con mi hija -decía. Todas sus hermanas, primas y sobrinas ya tienen lindas quemaduras en sus alas, provocadas por las lámparas. Sólo el calor de una lámpara es capaz de entusiasmar el corazón de una mariposa: Deberías dejar de lado estos sueños inútiles y conseguir un amor posible de alcanzar. La joven mariposa, irritada porque nadie respetaba lo que sentía, decidió irse de la casa. Pero en el fondo -como, por otra parte, siempre sucede -quedó marcada por las palabras de su madre, y consideró que ella tenía razón.

Así, durante algún tiempo, intento olvidar a la estrella y enamorarse de la luz de las pantallas de casas suntuosas, de las luces que mostraban los colores de cuadros magníficos, del fuego de las velas que quemaban en las más bellas catedrales del mundo. Pero su corazón no conseguía olvidar a la estrella, y después de ver que la vida sin su verdadero amor no tenía sentido, resolvió re-emprender su itinerario en dirección al cielo.

Noche tras noche intentaba volar lo más alto posible, pero cuando la mañana llegaba, estaba con el cuerpo helado y el alma sumergida en la tristeza. Entretanto, a medida que se iba haciendo mayor, pasó a prestar atención a todo cuanto veía a su alrededor. Desde allá arriba podía vislumbrar las ciudades llenas de luces, donde probablemente sus primas, hermanas y sobrinas, ya habrían encontrado un amor. Veía las montañas heladas, los océanos con olas gigantescas, las nubes que cambiaban de forma a cada minuto. La mariposa comenzó a amar cada vez más a su estrella, porque era ella la que la impulsaba a conocer un mundo tan rico y hermoso.

Pasó mucho tiempo y un buen día ella decidió volver a su casa. Fue entonces que supo por los vecinos que su madre, sus hermanas, primas y sobrinas, y todas las mariposas que había conocido, ya habían muerto quemadas en las lámparas y en las llamas de las velas, destruidas por un amor que juzgaban fácil.

La mariposa, aún cuando jamás haya conseguido llegar hasta su estrella, vivió muchos años aún, descubriendo cada noche cosas diferentes e interesantes. Y comprendiendo, que, a veces, los amores imposibles traen más alegrías y beneficios que aquellos que están al alcance de nuestras manos.

viernes, 19 de junio de 2015

EL LEÓN Y LA MARIPOSA


En una preciosa flor, fuese de día o de noche,
vivía una Mariposa de alegres y vivos colores.

Nunca quería moverse de aquella que era su casa,
mientras el resto de mariposas por todos lados volaban.
Un día las más curiosas se acercaron hasta ella,
y le preguntaron la razón de su extremada pereza.

 - No es pereza lo que tengo, - contestó con gran premura-
es que no quiero perderme ni un instante su hermosura.

 - ¿De que hermosura nos hablas?, si nosotras no la vemos,
solo vemos a ese León enorme, terrible y fiero.

 - ¿Enorme, terrible y fiero?, ¿pero que majaderías son esas?,
¿es que no veis su gran porte, su trono y su belleza?.

- ¿Pero es que te has vuelto loca mariposa de los cielos,
hablando como estas hablando de ese león traicionero?.
Tú eres dulce y delicada, y él es bruto y descuidado,
tú eres pequeña y volátil y él es grande y desaliñado.

¿Es que no te has dado cuenta de que te has enamorado,
de un sueño de una locura?, ¡ese amor no es adecuado!.

- ¿Porqué no me dejáis sola y seguís con vuestros vuelos?
¿a quién le hago yo daño si me quedo aquí en el suelo?.

Seguid con vuestro camino y dejadme a mi tranquila,
que yo de vosotras no hablo ni me preocupa vuestra vida.

Que ya sé que es un León y seguramente que es fiero,
pero en cuestiones de amor haber quien habla primero.

Que yo para ser feliz me basta solo con verlo,
que sintiendo que está cerca no necesito consuelo.

Las mariposas altivas se marcharon enfadadas,
y siguieron el camino con el batir de sus alas.

Y aquella Mariposa de alegres y vivos colores,
se quedó allí solita viviendo entre las flores.

Al cabo de mucho tiempo de haber ocurrido esta historia,
las mariposas volvieron de nuevo a su trayectoria.

Con aire burlón querían visitar a su compañera,
y reírse por lo bajo mientras contara sus penas.

Pero no encontraron nada ni a nadie por allí cerca,
ni a la linda Mariposa, ni al León con su melena.


¡Valla por Dios…..que mala suerte han tenido,
se les acabó la fiesta…que decepción han vivido!.

 La noche iba cayendo en aquel precioso lugar,
y las mariposas cansadas se pusieron a descansar.

Cuando ya entrada la noche se entregaron a su sueño,
una de ellas gritó “mirad todas hacia el cielo”.

Todas miraron al cielo y casi no podían creerlo,
que allí arriba encontraron lo que no estaba en el suelo.

 Las estrellas tienen la forma de aquel León traicionero,
y a su lado revoloteando, brilla una mariposa en el cielo.
Brillan con más fulgor las estrellas que la forman,
que en vez de colores tiene mil reflejos que la adornan.

Nunca se vio en el mundo, ni en el cielo, ni en la tierra,
Mariposa voladora que luciese de tan bella.

Ni León tan elegante, tan bello y con tal presencia,
que despierta los amores de luceros y de estrellas.

Las mariposas al verlos permanecen sorprendidas,
¡hay que ver que cosas pasan, las vueltas que da la vida!.

Se han dado cuenta que el amor, cuando es bonito y es bueno,
da igual si eres distinto, si eres blanco o eres negro.

Que cuando los sentimientos salen del fondo del corazón,
nadie podrá buscarles motivo, causa o razón.

Ahora se han dado cuenta de que aquella Mariposa,
de entre ellas, sin dudarlo, siempre fue la más hermosa.

Descansa y brilla por siempre mi pequeña Mariposa,
que al lado de tu León te asemejas a una diosa.

Descansa y brilla por siempre mi magnífico León,
que junto a tu Mariposa se nubla hasta la razón.

Y cada año en verano se reúnen las mariposas,
y mientras miran al cielo sonríen y juegan gozosas.

Y celebran que aquella Mariposita que vivía en una flor,
ya nunca estaría sola porque conoció el amor.

(C) Magdalena Rodríguez.

domingo, 7 de junio de 2015

La mariposa artista


Piluca era una mariposa con muchas ganas de volar y desprender colores de sus preciosas alas. Desde que nació había sido un insecto muy bonito, ya que en sus alas tenían todos los colores del arco iris, y cuando batía las alas, aquello parecía una caja de lápices de colores.

Nadie le había enseñado a dibujar ni a pintar, su estilo era totalmente libre, así que sus creaciones artísticas eran originales al cien por cien.
Un buen día, Piluca se despertó triste y muy cansada, había dormido mal y tenía la sensación de que iba a enfermar, así que al desplegar sus alas apenas salieron colores, sólo un poco de azul oscuro, un verde grisáceo y un amarillo blanquecino.

Su amiga la oruga que vivía en la rama de al lado, enseguida se preocupó por Piluca y le preguntó:
- “¿Qué te ha pasado esta noche?, te he oído hablar y llorar estando dormida, y ahora veo que no tienes muy buena cara”.

Piluca le respondió aún llorando:
- “He tenido un sueño muy feo. Otra mariposa me quitaba los colores de las alas, y ya no podía pintar, y además se llevaba los colores para usarlos ella en sus creaciones, y decía que yo nunca había sabido ser una artista”.

La oruga la tranquilizó con unas palabras de apoyo y realismo:
- “Piluca, la realidad es otra, tus alas tienen todos los colores de siempre, y no debes permitir que un sueño ni nadie te haga sentir pequeñita en lo que tú sabes hacer”.

Al escuchar esas palabras, Piluca se sintió mucho mejor, y poco a poco fue recuperando el color en sus alas. Cuando estuvo bien del todo, fue a agradecerle a su amiga la oruga, las palabras que le habían hecho reflexionar sobre la libertad de opinión de los demás.

Así fue como Piluca se convirtió en la primera mariposa artista del bosque, y la oruga llegó a ser su mejor amiga. Aprendió a valorarse a sí misma adecuadamente, y siempre fue feliz y de muchos colores.

domingo, 24 de mayo de 2015

La Mariposa. Cuento para pensar


Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver a la mariposa cuando saliera del capullo. 

Un día vio que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por abrirlo mas grande y poder salir. 

El hombre vio que la mariposa forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. 

Parecía que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del agujero para hacerlo más grande y ahí fue que por fin la mariposa pudo salir del capullo. Sin embargo, al salir la mariposa tenía un cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas. 


El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. 

Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas. Nunca pudo llegar a volar. 

Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar. 

La libertad y el volar solamente podían llegar después de luchar. Al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privada su salud. 

Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si la naturaleza nos permitiese progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser tan fuertes como podríamos haberlo sido. 


Cuánta verdad hay en esto. ¡Cuántas veces hemos querido tomar el camino corto para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el esfuerzo para poder ser libres! 

Necesitamos recordar que nunca recibimos más de lo que podemos soportar y que a través de nuestros esfuerzos y caídas, somos fortalecidos así como el oro es refinado con el fuego. 

Nunca permitamos que las cosas que no podemos tener, o que no tenemos, o que no debamos tener, interrumpan nuestro gozo de las cosas que tenemos y podemos tener. Nunca pensemos ni nos obsesionemos con lo que no tenemos, disfrutemos cada instante de cada día por lo que tenemos y nos ha sido dado. 

De esta forma, nos hacemos fuertes en nuestra debilidad.